La crisis en Chile no frena y ya toca a los sectores más acomodados

A más de dos semanas del estallido social que sacudió Chile, cientos de manifestantes, en su mayoría jóvenes, llegaron hasta las cercanías del centro comercial Costanera Center, el más grande de Sudamérica, para exigir reformas económicas y protestar contra el gobierno de Sebastián Piñera, que cada vez se encuentra más debilitado.

Sin poder avanzar, por el freno impuesto por los carabineros, se expandieron por varios puntos del barrio Providencia, la puerta de entrada al sector financiero y las zonas más acomodadas de Santiago. Hubo fogatas, saqueos a comercios, entre ellos varios bancos, y enfrentamientos con la policía.

Diversos organismos de derechos humanos han cuestionado la dureza con la que se han reprimido las marchas en Chile, que suelen comenzar de manera pacífica y luego decantan en un descontrol total, con heridos al por mayor.

A través de mensajes anónimos en redes de sociales se convocó a trasladar durante las últimas horas a los barrios ricos las protestas que se iniciaron el 18 de octubre, que hasta ahora se habían concentrado en el centro de la capital del país trasandino.

Dificultades

Las protestas, las más graves desde la caída de la dictadura de Augusto Pinochet en 1990, se iniciaron en respuesta al aumento del pasaje del metro pero derivaron en un clamor popular contra la desigualdad y hasta el momento se han cobrado la vida de 20 personas.

Entre los cimbronazos estuvo la pérdida por parte de Chile de la posibilidad de ser anfitrión de la final de la Copa Libertadores entre River y Flamengo, que se sostendrá finalmente el 23 de noviembre en Lima, la capital de Perú.

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